12 ago. 2015

Vientos de cambio

Soplan ráfagas de viento
entre las ruinas del ayer
huelen a rock, libertad
acordes de autenticidad
pureza frescura limpieza
diluyen costras de vanidad

Ritmos de ciencia ficción
canciones sin dueño
reales como la emoción 
fluyen por las calles del sentir
hablando claro al corazón
se sublevan con empeño
consumiendo materia inerte
construyendo un porvenir

Quizá algún día
serán míos sin poseerlos
Quizá no soy nada
más que una nota
de esa melodía infinita
que nunca deja de sonar
impasible abnegada neutral
indiferente y brutal

Destacar o dejarse llevar
destacar dejándose llevar
dejarse llevar y sentir
desentonar gritar protestar
sentir fluir disfrutar
pensar menos y sentir
sentir más y sentir mejor

9 dic. 2014

Prisioneros de nuestra condición

Somos prisioneros de nuestra condición. 
El hecho de encerrar a un pájaro en una jaula no le despoja de su condición de ave, este tratará siempre de volar libre por más constreñido que se encuentre, hasta su muerte.

Lo mismo ocurre con las personas, los instintos básicos afloran cuando deben hacerlo, pero a diferencia de los animales nosotros tenemos, en mayor o menor medida la capacidad de reprimirlos o por lo menos la habilidad de enmascarar aquello que nos pasa por dentro mediante una falsa apariencia.

La medida y las formas en que hacemos uso de esa habilidad dependen fundamentalmente del contexto en que hemos sido educados.

La ética y la moralidad son conceptos concebidos en gran parte de maneras distintas, muchas veces incluso opuestas por las distintas religiones y sociedades que nos rodean. Es por tanto un hecho puramente circunstancial la pertenencia a una determinada religión o a una sociedad con unas costumbres concretas.

La única enseñanza válida es aquella que está basada en los valores universales, y no en interpretaciones personales o circunstanciales que puedan dar lugar a cualquier tipo de discriminación.

Solo de este modo podremos formarnos como personas libres, entendiendo la libertad como la posesión de un criterio propio y basado en los valores universales. 

Es este el único modo en que se puede basar la formulación de un código ético que sea justo para todos y lo menos represivo posible.

30 oct. 2014

Cárceles imaginarias

No quiero ser yonki de tus melodías
No quiero ser esclavo de tu seducción
Solo quiero volar libre 
Por encima de cárceles imaginarias
Sin pagar deudas que no debo
Sin poder tocar el cielo

Sentir el viento 
El frío en la cara
La adrenalina y el miedo

La velocidad de un descenso
Dibujar cumbres de montañas
Traspasar fronteras ficticias

Destruir muros
Hablar sin censura
Abstraerme de lo impuro

No quiero bailar a tu son 
No quiero saber de cadenas 
Solo quiero ser yo 
Por encima de rascacielos moralistas
Doctrinas de papel mojado 
Amores de postín

Sumergirme en agua helada 
Perderme y trasnochar
Transmitir con la mirada

Descubrir paisajes 
Conquistar nuevas cimas
Sentir nuevos colores

Volver a nacer
Desnudar mi ser
Mostrar mi alma
Aprender a ver
Saber entender
Conversar con calma 

Desaprender, desobedecer
Deshacer y volver a hacer 
Volar libre y desaparecer

4 ago. 2014

Otra cara de los festivales

Benicàssim (Benicasim en castellano) es un municipio de la costa castellonense que vive del turismo.  Hoy tiene un censo de unos 18.000 habitantes, aunque en verano esa cifra ronda los 60.000.

El municipio acoge también en verano varios festivales musicales, el más célebre de ellos el FIB desde hace ya 20 años. En esta última  edición 120.000 personas, británcos mayormente, han pagado las entradas del festival, comido, bebido en grandes cantidades, comprado y quedado alojados en Benicàssim.

Todo ello ha generado unos 1000 puestos directos de trabajo y una ocupación hotelera del 98%. De estos festivales y del turismo estival vive y crece la población. Durante los días festivaleros la fiesta es continua, la música resuena a kilómetros de los escenarios y los visitantes invaden como una marabunta todo el núcleo urbano, así todos los veranos.
 Hasta aquí a simple vista, aun pudiendo matizar algunas cosas, son todo facetas positivas para el municipio.

Existe sin embargo una realidad desconocida excepto para quien vive por la zona, un tabú en los medios de comunicación porque se trata de algo feo que ahuyentaría el turismo.
Cuando acaban los festivales y todos los visitantes abandonan la población, dejan tras de sí un rastro de toneladas de basura en las playas del municipio y sobretodo en el recinto de acampada de los festivales.

En el primero de los lugares los efectivos de limpieza actúan con gran eficiencia todos los días antes de la salida del sol, a base de horas extra esos días de extraordinaria afluencia dejan las playas prácticamente impecables para que los que disfrutan de sus vacaciones en nuestras playas, (la mayoría madrileños), permanezcan ajenos a la existencia de montañas de basura en el municipio, porque la fachada e imagen de Benicasim es la playa.

Sin embargo las zonas de acampada, situadas a las espaldas de Benicasim y apartadas del bullicio de los veraneantes se convierten de la noche a la mañana en vertederos donde subsisten los festivaleros entre todo tipo de residuos que ellos mismos abandonan ante la casi inexistencia de contenedores en esos recintos.

Cuando acaba la fiesta, a quien como un servidor, se le ocurra darse una vuelta por aquellos lugares encontrará deshechos de muy diversa índole tales como tiendas de campaña, la mayoría de ellas rotas y sin posibilidad de reutilización, todo tipo de utensilios de plástico, restos de comida incluso dentro de sus envases sin abrir, ropa interior, compresas, preservativos usados incluso excrementos humanos, entre otras muchas cosas. Todo ello reitero, ante la ausencia prácticamente total de contenedores en el lugar, pues solo localizamos 2 este año, y uno de ellos estaba volcado.


Quizá lo peor de esto es que la brisas marinas, presentes a diario en verano por estos lares, arrastran bolsas de plástico y otros desperdicios y se los llevan a zonas próximas a nuestro paraje natural del Desert de les Palmes, una pequeña cadena montañosa, espacio natural pulmón de la zona, muy apreciado por aquellos que disfrutamos de sus rincones o simplemente una imagen a modo de fondo de escritorio según a quien se pregunte. En cualquier caso la basura que vuela fuera de zonas urbanas nadie la recoge.

La carencia de contenedores y medios para evitar que grandes extensiones de suelo acaben alfombradas con basura año tras año es una declaración explícita de que al ayuntamiento y al gobierno local no les interesa ni les ha interesado lo más mínimo el asunto de la contaminación. Ello unido a la falta de civismo de algunos acampados hacen que el problema persista indefinidamente sin solución.


Parece que nadie le importe el respeto hacia el lugar


¿Cuanto de lo aquí expuesto es extrapolable a cualquiera de los numerosos festivales que se celebran en nuestra piel de toro durante el verano? Estoy seguro de que mucho. ¿Como gestionan los residuos en otros países más avanzados que el nuestro? cabría preguntarse...

Con todo esto no me estoy posicionando en contra de ningún festival ni mucho menos, pues es motivo de orgullo que por Benicasim hayan pasado grupos musicales de primer orden mundial, pero determinadas cosas se deben hacer de forma distinta. Un festival puede ser entre otras cosas un referente en cuanto a gestión eficiente de deshechos, rodeándose de gente capacitada se puede difundir este mensaje como un valor añadido a los que ya tenga de por sí el evento dándole la vuelta a la tortilla: lo que ahora se considera gasto puede ser una inversión desde otro punto de vista.

Está clarísimo que si estos hechos tuvieran la décima parte de la difusión que merecen, gobierno y ayuntamientos, los responsables directos por omisión de este lamentable espectáculo oculto para la mayoría, tomarían medidas para intentar subsanar esta falta de civismo.

Probablemente esto no devenga en el más mínimo cambio, pero al menos pienso que debe quedar constancia de la opinión mayoritariamente compartida por aquellos que conocemos esta otra faceta menos agradable de los festivales.

11 jul. 2014

Revolución interior

El otro día en el tren a modo de desahogo, para diluir la ansiedad y en un arrebato autorreivindicativo, móvil en mano, traté de exteriorizar un sentimiento que en esos momentos me angustiaba, extirpándomelo de las profundidades a través de palabras. 

Se trata de la pereza que tanto mal engendra. Lo que viene va dirigido a ese sentimiento y a nuestra sociedad en general. En esta entrada no hay corrección política ni un lenguaje especialmente cuidado, sino pura improvisación y palabras fuertes acordes con la intensidad del sentimiento. Transcribo el texto tal cual me salió de dentro:





Levanta el culo muévete
deja la puta tele despiértate
la excusa deporte nacional
la pereza idiosincrasia cultural
cultura inculta
no pienses te va a sentar fatal
autómata borrego sin voluntad
tírate al agua y empieza a nadar
porque agua vas a tragar 
quizá prefieras mierda
pero sigues siendo animal
para ti no hay bien ni mal
solo inmediatez funcional
idiotez fundamental
profundo subnormal
despierta piensa discurre
camina el camino 
que el tiempo se escurre
urbanita de urbe 
deja de chupar de la ubre 
sal al campo y come mugre 
te urge no te enteras te surge
insurgente en tu caverna
gerente de tu pereza
sal del zulo y usa la cabeza
entereza pasmado endereza
no te pares a onanarte 
qué proeza
parásito integral
aporta o muere 
repugnancia visceral
te nutres de miseria
parásito anormal 
no aprendiste a  hablar
inválido mental 
solo sabes defecar 
cuando abres la boca inmoral

parásito integral
inválido mental
parásito anormal
aporta o muere




Dicho lo cual me quedé bastante a gusto el resto del día, cabe decirlo. 

Un saludo!!

9 feb. 2014

Ensoñación

Eres tú otra vez
misteriosa mujer de proporciones áureas 

Eres tú otra vez
vuelves a pasearte por mis pensamientos

Tu largo cabello al viento
acaricia suavemente mis recuerdos

Vuelves aquí otra vez
tan natural, tan auténtica 

Vuelves aquí
como si nunca te hubieras marchado

Nadie te impedirá volar 
naciste libre y libre morirás

Vuelas lejos, buscándote a ti misma 
ignorando fronteras imaginarias

Eres de una rara pureza
como un espejo de aguas cristalinas
en el que puedo ver quien soy

Vuela lejos grácil fémina
nunca dejes de ser tú

Vuela lejos, libre como la brisa
y regresa siempre que quieras

26 ene. 2014

En la gran ciudad

Anoche gracias a una concatenación de hechos que no vienen al caso, aunque más bien gracias a que a mi caótica mente de vez en cuando le gusta ir dos pasos por delante de la realidad, sin importar lo más mínimo si se trata de un buen camino a seguir o no, reuní los ingredientes para crear una historia en esencia ficticia aunque con trocitos de realidad que me apetecía contar. Si por alguna extraña razón que nadie alcanzaría a comprender te decides a seguir leyendo esto, ponte cómodo/a, literalmente. 

Allá va:



Allí estaba yo, es decir  vuestro narrador, al fin frente a ella, manteniendo una conversación distendida acerca de algo que ya ni recuerdo.

 Tras unas semanas de correspondencia a través de correos electrónicos, conversaciones  telefónicas más dilatadas de lo previsto y charlas por whatsapp intercaladas con imágenes que nos intercambiamos, un buen día confluyeron las circunstancias para que nuestro primer encuentro real se produjera.

Hacía ya horas que la noche era cerrada, acabábamos de cenar en un bar moderno por la zona, poca cosa, habíamos compartido tanto el plato principal como el postre. Estábamos sentados en un banco en una concurrida plaza del centro de la gran ciudad, llena de vida a cualquier hora del día y de la noche; se veía pasear a gente de todo tipo: ejecutivos pegados a su teléfono móvil, familias paseando a sus bebés en carritos, mimos o mendigos entre otros.

Aunque en aquella ocasión, a diferencia de otras, aquel ambiente tan heterogéneo no era el foco de mi atención sino simplemente un telón de fondo. No me sentía cohibido para nada frente a ella, sensación que hacía mucho que no sentía frente a una chica de edad similar a la mía.

Conversábamos libremente, sin tapujos y con una naturalidad total, las palabras fluían sin esfuerzo. De vez en cuando se producían pausas, no eran cortas ni demasiado prolongadas, siempre surgía algo más que decir a continuación, aunque debo decir que los instantes de silencio me resultaban tan agradables como escuchar su voz.

El tiempo parecía fluir por un universo paralelo al que nos hallábamos nosotros dos en esos momentos. La conversación parecía querer prolongarse hasta el infinito sin perder un ápice de frescura  y espontaneidad.

Nos habíamos sentado muy cerca el uno del otro, tanto es así que mientras ella hablaba, de vez en cuando podía sentir como el perfume de sus cabellos castaños y rizados llegaba a mí tenue pero claramente, incluso podía sentir muy débilmente ese aroma indefinido de su aliento, despertando mi curiosidad.

A pesar de no ser muy expresiva, entre diálogos pude percibir en ella algunos gestos como sutiles sonrisas o formas de mirar que indicaban que se sentía relajada e interesada en mí y la sensación era mutua.

En un momento cualquiera me estaba hablando de algo en lo que ella estaba interesada, nuestras miradas eran sostenidas y profundas cuando de pronto mi capacidad de atención por lo que decía desapareció por completo y sin saber cómo nuestras bocas se encontraron. El deseo fluía intensamente a través de nuestros labios, yo  besaba suavemente su labio inferior, ella buscaba mi lengua con la suya. Al mismo tiempo, las yemas de mis dedos acariciaban su cara, tan suave, explorando por primera vez aquella geografía femenina que tan agradable me resultaba. Ella recorría mi cuello con sus manos, sus caricias me hicieron olvidar todo lo malo en un instante. No tengo ni idea de cuánto duró aquel beso.

Cuando separamos nuestros labios y volvimos a abrir los ojos, nos sonreímos mutuamente y en seguida surgió un segundo beso, más intenso aun si cabe. Esta vez nos exploramos las bocas más meticulosamente el uno al otro, nuestras lenguas contactaron intensamente mientras mis manos se paseaban por su pelo, cara y cuello, abarcando cada vez más terreno, apretando suavemente su cara contra la mía sin parar de acariciarle, al mismo tiempo que ella me rodeaba con sus brazos tratando de buscar también más superficie para rozar con sus dedos.

Sin dejar de acariciarnos, decidí en un momento cualquiera apartar ligeramente mi boca de la suya, para empezar a recorrer con la mía otras partes de ella. Rocé con mis labios una de sus mejillas por unos segundos, sentir su respiración en mi cara me parecía embelesador. Me paseé por su labio inferior mojándolo suavemente con mucha saliva mientras mi nariz se metió en su boca y pude respirar todo su aliento que tanto había deseado instantes atrás. Ella seguía acariciándome la cara y el cuello cada vez apretando un poco más, podía sentir su intenso deseo y viceversa.  La siguiente parada fue su barbilla la cual mordisqueé muy suave para viajar acto seguido hacia su cuello.

Sus manos me presionaban hacia ella, deseando que prosiguiera con el recorrido mientras mi boca estaba en contacto ya con el lateral de su cuello alternando chupetones con lengüetazos, embriagándome a la vez con todo su aroma intenso, su perfume mezclado con su olor corporal que no hacía sino alimentar mi deseo. Pude sentir en esos momentos como su boca mordía levemente el lóbulo de mi oreja tratando de explorar ella también nuevos territorios.

Al mismo tiempo que mi boca paseaba ya por su nuca, una de mis manos decidió empezar a bajar por sus laterales, acariciándola firmemente pero sin apretarla por encima de su fino vestido para parar en su cintura y empujarla suavemente hacia mí. En ese momento sentí como su cara se giraba para buscar mi boca acariciando mi cuello y dirigiendo mi boca hacia la suya. Nos dimos otro beso apasionado, presionándonos con fuerza el uno hacia el otro.

En un lapso en el que la intensidad del beso se suavizó aproveché para pasear mis dedos por sus caderas y uno de sus muslos deslizándome por la tela de su vestido para llegar donde acababa éste, esto es unos centímetros por encima de su rodilla, allí detuve las yemas de mis dedos por un instante, para seguidamente empezar a trazar pequeñas caricias muy suaves abarcando su rodilla y alrededores.

Sin darme cuenta al cabo de unos segundos ya estaba acariciándole el gemelo con la mano extendida, palpando su refinada y suave curvatura, con un gesto espontáneo cogí con cuidado su pierna y la coloqué entre mis muslos para incrementar más el contacto mutuo. Ella respondió apretándome fuerte hacia sus labios con los dedos metidos en mi cabello y dándome el beso más profundo que me había regalado hasta aquel momento, indicándome claramente su deseo de querer más de mí.

Durante el transcurso de aquel beso, una de sus manos logró colarse por debajo de mi camisa, podía sentir como sus dedos y la palma de su mano me acariciaban el vientre mientras mi mano empezaba a explorar uno de sus muslos avanzando sutilmente bajo su vestido, entonces empecé a percibir muy leves gemidos suyos, enmascarados por su relajada respiración en medio de aquel interminable beso que me invitaba a seguir avanzando.

Mi mano ya había avanzado hasta la mitad de su muslo o quizá más describiendo círculos y vaivenes en su acogedora superficie, entonces decidí cambiar el rumbo y me dirigí hacia el interior de su muslo, deslizando mis dedos hasta notar el calor de sus dos piernas al mismo tiempo. En esos momentos ella separó involuntariamente su boca de la mía y dejó escapar un gemido corto pero claramente perceptible, al tiempo que sus caricias ya me llegaban hasta el pecho bajo la camisa. Busqué su labio inferior para besarlo, lo cual desembocó en otro beso profundo aunque esta vez más corto que los anteriores, tras el cual ella se dirigió a mi oreja y susurrándome me propuso que nos fuéramos ya.

El gentío de la gran ciudad nos proporcionaba el anonimato necesario como para que nuestros gestos afectivos hubiesen pasado completamente desapercibidos aun estando a merced de la mirada de cualquier transeúnte. Al fin y al cabo era lo que deseábamos: intimidad.

La cogí de la mano y nos pusimos en pie, nos miramos a los ojos y le di un beso con lengua corto y provocativo, tratando de aumentar un poco más su deseo antes de empezar a caminar. Me encontraba como en una nube, sensación que hacía mucho tiempo que no vivía, las expectativas de saber cómo transcurriría el resto de la noche creaban una deliciosa tensión que parecía palparse en todo nuestro alrededor. Caminando nos mezclamos con la muchedumbre, como si fuéramos dos maniquíes más entre millones, eso sí, rebosantes de deseo por conocernos más a fondo el uno al otro…




Como puedes comprobar estimado visitante, esta historia no tiene un final definido, lo dejo abierto para que cada cual si quiere concluya la historia como más le guste, las posibilidades son infinitas y solo están condicionadas por los límites que le pongamos a la imaginación. ¿Te atreves a continuar?